Omar Di Felice completa con éxito la Ruta del Cóndor, la travesía de 7000 km a través de Sudamérica
Durante 6 semanas, el ciclista italiano ha pedaleado en solitario para completar uno de sus mayores retos hasta el momento
Omar Di Felice ha completado una travesía de 7.000 kilómetros por Sudamérica, desde las cumbres andinas del Perú hasta el “fin del mundo”, atravesando algunas de las regiones más extremas del continente: las altas montañas de los Andes, los desiertos de sal de Bolivia y Chile, y la Patagonia chilena y argentina.
Tras 44 días de aventura —40 de pedaleo efectivo y 4 de descanso en La Paz para aclimatarse a la altitud—, el ciclista italiano culminó “La Ruta del Cóndor”, una de las expediciones más exigentes de su trayectoria.
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La ruta comenzó en Machu Picchu y continuó cuzando Perú hasta entrar en Bolivia, en la zona del lago Titicaca. Desde allí, la primera gran etapa discurrió por algunos de los pasos más altos de la cordillera de los Andes, atravesando también los desiertos bolivianos y chilenos, como el Salar de Uyuni y el desierto de Atacama, además de zonas remotas salpicadas de lagunas de alta montaña.
Después llegó la segunda parte del viaje, la más larga y compleja: la travesía de norte a sur de Argentina a través de la mítica Ruta Nacional 40.
Primero la Puna, después territorios cada vez más desolados y castigados por el viento. Kilómetros y kilómetros de soledad extrema dieron paso a los paisajes de lagos andinos, hasta desembocar en la inmensidad de la Patagonia, salvaje, dura y profundamente exigente.
Las dificultades no tardaron en aparecer. Una fuerte insolación en altura, sumada a los efectos de la aclimatación, obligó a Omar a detenerse durante cuatro días en La Paz para recuperarse. A ello se añadieron los problemas logísticos propios de las zonas remotas y la rapidez con la que cambiaban las condiciones meteorológicas, a veces de forma imprevisible.
En la Patagonia, además, un episodio de vientos extremadamente fuertes —en un contexto de alertas meteorológicas— provocó un accidente sin consecuencias graves.
A pesar de todo, en las dos últimas semanas logró recuperar parte del tiempo perdido, encadenando etapas de 240 a 250 kilómetros diarios, siempre bajo el peso del viento y el desnivel constante, que hicieron aún más exigente cada jornada.
Ya en Punta Arenas, y con la travesía prácticamente concluida, Omar Di Felice compartía sus primeras sensaciones con la emoción todavía a flor de piel:
“Ha sido un viaje increíble del que iré contando las emociones a medida que pasen del corazón a la mente. Ahora solo queda el instante más grande, el que me invadió de forma repentina cuando, en la costa de Punta Arenas, mi mirada se dirigió al sur, buscando ese lugar al que he dedicado una parte importante de mi vida: la Antártida.”
En ese momento de calma tras semanas de esfuerzo extremo, el ciclista reflexiona sobre el significado profundo de lo vivido. La llegada al extremo sur del continente no es solo un final geográfico, sino también emocional:
“Llegar en bicicleta hasta aquí, desde donde se parte hacia el continente más extremo del planeta, tras atravesar desiertos, pasos andinos y las cumbres más altas de Sudamérica, viviendo durante 40 días en una conexión absoluta conmigo mismo, ha provocado una explosión en el corazón que no esperaba sentir con tanta intensidad.”
Y ya en un tono más sereno, casi de cierre íntimo tras la aventura, deja una última imagen:
“Ahora puedo tumbarme, cerrar los ojos y volver a soñar…”
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